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Asesinos
de Novela
Una
Galería de los más célebres criminales literarios.
Galatea,
de James Cain.
El
romance entre Holly y el señor Van nace en condiciones insólitas. Ella
padece bulimia, un deseo implacable por comer constantemente y él, es el
self made man americano que empezó como mozo y terminó dueño de una
cadena de restaurantes que la deja comer gratis en sus locales. La pobre
mujer, que no puede resistir los pasteles de fresa, la carne de cordero
asada, las empanadas y los atracones de helado, se ve de pronto en las
garras de ese hombre inescrupuloso, a quien sólo le interesa vincularse
mediante el matrimonio con el aristocrático apellido de la familia de su
esposa. Así las cosas, el precio que pide el magnate por dejarla llenar
el estómago insaciable, es el de formalizar su unión mediante un
matrimonio en regla, regido por las severas normas morales de la vida
pueblerina.
La
señora Holly, aumenta desde entonces de peso hasta convertirse
verdaderamente en un tonel de grasa, mientras que su adorable marido, se
ocupa de mantener esta situación cocinándole todos los días comidas
fabulosas e hipercalóricas. El plan del señor Van es simple: Hará que
su mujer se embarace y luego, cuando se vean obligados a la cesárea,
elegirá salvar el retoño, el fruto de su amor, optando en contra de la
madre, quien desde la perspectiva médica, no tiene chance de sobrevivir a
un parto a causa de la obesidad. Un negocio redondo. Heredero a salvo y un
apellido ilustre para iluminar sus montañas de dinero plebeyo obtenido
mediante el despacho de hamburguesas y panchos.
El
señor Van, ejerce sobre todo su entorno una influencia estremecedora. Más
de la mitad del pueblo le debe dinero, casi toda la policía está a sus
órdenes y los senadores del condado comen de su mano como pajaritos
mansos. Así, consigue que a un infeliz al que acaban de prender por un
robo, lo suelten a cambio de que trabaje en sus campos, preparándolos
para sembrar las verduras que sirve en sus locales.
Pero
aquí el diablo mete la cola. El pobre presidiario, resulta ser un ex
boxeador que se ha venido ganando malamente la vida haciendo adelgazar a
rollizos atletas antes de las peleas. La cuestión es que el hombre pone
los ojos en Holly, quien para esta altura, ya apenas puede caminar por su
sobrepeso y está al borde mismo de la muerte. La indicación para ella es
terminante: fruta. Toneladas de fruta, antes de la comida basada en
ensalada, debe comerse un barril de melocotones maduros.
El
efecto empieza a verse al cabo de unos meses. Holly pasa de ser un tanque
australiano a una mujer hermosa, a quien todo le calza, toda ropa le
sienta a las mil maravillas y que deja sin aliento a los hombres del
condado. El amor entre ellos
es inevitable y organizan un plan de fuga. Pero Val resulta ser un marido
posesivo y antes que se marchan, prefiere ahogarlos a los dos en el tanque
de agua.
Las
cosas, por primera vez se le complican y resulta un asesino frustrado.
Nuestro improvisado dietólogo y su obra maestra podrán pensar en el
futuro de su dicha.
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