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Esteban
Ierardo
Reportaje
"El existencialismo también es una
expresión de la derrota humana en la
persecución del sentido. Toda esa
escritura transmite el agobio y la
inutilidad del acto de existir; es decir
que, a diferencia de Raskolnikov de
Dostoievski, el crimen no es lo que
lleva a una intuición desgarrada, con
contenidos densos de la vida, no lleva a
la relación del hombre con el bien y
con el mal, con la fragilidad de su ley,
con la posible superioridad de la
historia, del destino o de Dios.
En la escena del crimen de Dostoievski,
se abre toda esa escena trascendente,
solemne, trágica. ¿A qué nos abre, en
cambio, el crimen de El extranjero de
Camus? Nos abre al vacío, a la disolución
de todo valor estremecedor o superior, a
la pura nada, a lo desabrido, a la apatía,
a la desaparición de la sensibilidad o
del ansia de vivir; nos abre a un vacío
que se absorbe en sí mismo, es la
expresión del hombre occidental incapaz
de construir a partir de la inexistencia
de un valor superior".
"Durante mucho tiempo el hombre
construyó a partir de la confianza en
que ya había un valor dado, el valor de
Dios o el de la razón humana, pero a
partir del existencialismo, el hombre
tiene que aceptar construir a partir de
una ausencia del sentido inicial, esa
famosa presentación de la nada de
Sartre. Lo que hay en el comienzo no es
una garantía de sentido, sino,
precisamente, como una oscuridad
inasible, potencialmente esa oscuridad
no niega la construcción del sentido,
pero ese vacío inicial exige que el
hombre genere un acto creador para
sostener un sentido que ahora va a ser
plenamente humano; pero para que el
hombre pueda construir sentido sobre el
vacío, de alguna manera, del hombre
tiene que venir alguna traza, algún
aire o eco de divinidad".
"Creo que el existencialismo de
esta obra, la figura del criminal
totalmente indiferente y apático
respecto al crimen insinúa que él es
presa de un vacío que nunca puede ser
atemperado por ningún eco o recuerdo de
una divinidad, es decir, de un modelo de
trascendencia que sea plenamente humano,
pero que le permita al hombre superar su
propia indiferencia, su propia confusión,
su propia incapacidad para encontrar un
sentido o significado a sus actos. Creo
que es una gran metáfora del vacío
devorador y del vacío que le impide al
hombre rehacerse desde una divinidad
propia".
"Lo que hay detrás del crimen
percibido desde la indiferencia absoluta
por parte del criminal en El extranjero
es un poco la contracara absoluta
respecto al vacío de otras tradiciones
culturales, donde el vacío no es lo que
aniquila el sentido, lo que despoja al
hombre de la capacidad de vincularse con
la trascendencia, sino que, por el
contrario, el vacío es aquí lo que
asegura una potencialidad creadora
inagotable, porque el vacío es lo
absoluto, es aquello que cuando el
hombre apela a él, cuando se encuentra
con él, puede trascender sus
limitaciones creando nuevas
perspectivas, nuevos valores, es el otro
vacío, el de la potencialidad creadora.
El vacío detrás del crimen de
Meursault es el vacío como testimonio
del nihilismo triunfante en el occidente
contemporáneo".
Marcelo Di Marco
Reportaje
"Hay una motivación!, hay una
motivación en el crimen de Maersault:
El tedio, el aburrimiento, se puede
llegar a cometer un crimen, y esto
muchos asesinos lo han dicho, porque se
quería salir en la tele. Quieren de
alguna manera salir en la televisión,
ser famosos, ser conocidos, mostrar a la
gente que también sirven para algo;
imitación demoníaca o del servicio
divino.La gran crisis de Mearsault viene
por eso, por estar todo el tiempo, todo
el tiempo al pedo, sin interés, sin
ningún tipo de soluciones, ni siquiera
hay problemas. Caldo de cultivo perfecto
para que el mal haga lo que se le ocurre
por uno"
"El extranjero es una serie de
tesis una detrás de la otra, fijate que
la película de Visconti es un milagro,
porque qué haces si no filmas ideas?,
tenes que filmar lo cósico, porque son
cosas lo que estás mostrando, no estás
mostrando ideas, yo creo que Visconti
sale muy airoso con la versión que
tiene actuada por Marcelo Mastroiani, me
gustó más la película que el
libro"
Eugenio
Zafaronni
Reportaje
"Respecto de Meursault, en ningún
caso soy partidario de la pena de
muerte; pero, por supuesto, las características
del personaje son esquizotímicas,
marcadamente esquizotímicas".
"Meursault estaría en el límite,
sería un border, está en el límite de
la inimputabilidad".
"Que no haya exteriorización de
las emociones no quiere decir que las
emociones no existan. Como no hay
exteriorización, no podemos penetrar en
el mundo del esquizofrénico, pero él
tiene un mundo de vivencias y emociones
intensas que se relata cuando se remiten
los brotes, y que no tiene absolutamente
nada que ver con el nuestro".
"Alguien que tiene esta incapacidad
de exteriorización, como el personaje
de El extranjero, si no está en la
inimputabilidad, se encuentra en el límite".
"No digo que sea un esquizofrénico,
pero es un caso muy patológico, que
puede tener alteraciones emocionales
sobre la base de la alteración de la
sensopercepción. Por eso no es posible
saber qué es lo que está percibiendo,
que no es lo mismo que percibe el
resto".
"El juzgador no puede, por una
limitación material, entrar en la
vivencia de un psicótico, especialmente
en la de un esquizofrénico; no puede
entrar en su cabeza, y aunque pudiera,
no debería hacerlo".
"En 1830, en Inglaterra existían
unas reglas llamadas Magnaten, según
las cuales había que ver si el hecho
criminal estaba justificado de acuerdo
con la vivencia del psicótico. Si él
pensaba, por ejemplo, que tenía una
pierna de cristal y mataba a alguien que
creía que le iba a quebrar esa pierna,
se le consideraba inimputable; pero si
percibía que le iban a golpear la
pierna de carne y hueso, se lo juzgaba,
pues esto no era abarcado por el
delirio".
"Las categorías psiquiátricas sólo
tienen un valor orientador; siempre son
insuficientes, siempre hay casos que son
atípicos, para la valoración de la
inimputabildad, no obligan. El juez
tiene que evaluar si el sujeto podría
haber hecho el esfuerzo de evitar lo que
hizo, haberse comportado de otra manera,
y eso no depende sólo de categorías
psiquiátricas. No hay sujetos
inimputables, sino actos inimputables.
El mismo sujeto puede ser responsable de
un acto y no responsable de otro. Por
ejemplo, un débil mental o un oligofrénico
tienen la capacidad de comprender el
contenido injusto de un homicidio, pero
tal vez no de entender el de un delito
cambiario, porque es un pensamiento más
abstracto, y pueden terminar presos por
un cheque sin fondos".
"El problema consiste en cómo
valorar la situación contextual en que
el sujeto actúa. Para ello las categorías
psiquiátricas pueden ayudar, pero no
son determinantes. A mí me parece muy
poco afirmar que el sujeto tiene un
diagnóstico de esquizofrenia; en un período
de remisión de la enfermedad puede
cometer un delito y resultar imputable,
sin que eso le quite el diagnóstico ni
la enfermedad".
"Los abogados defensores pelean por
declarar la inimputabilidad sólo en
casos muy graves, no para delitos con
penas cortas, por la dificultad práctica
de que es más difícil sacar al
detenido del manicomio que de la cárcel.
Ningún perito certifica después que ha
cesado la peligrosidad del detenido;
ante la duda siempre se marca el riesgo,
y el detenido termina sufriendo una pena
más larga y más estigmatizante en el
manicomio. La inimputabilidad no es la
panacea a la que todo el mundo se lanza
diciendo que está loco, sino que es un
recurso extremo, y rara vez se la pide
desde la defensa".
Enrique
Marí
Reportaje
"El crimen de Meursault tiene
varias interpretaciones. Para algunos es
un crimen gratuito, el personaje es algo
así como un autista desinteresado de
todo, absolutamente de todo, por eso la
palabra 'extranjero' del título de la
obra. Tal vez haya que considerarlo
extranjero, pero de sí mismo, no
respecto de una nacionalidad ni de ningún
otro elemento, sólo de sí mismo".
"El extranjero de Camus aparece
como una persona completamente
indiferente; indiferente a la ceremonia
en la que se vela a su madre
recientemente muerta; indiferente a su
novia, quien le pregunta si se quiere
casar con ella, a lo que él responde
sin inmutarse: 'Me da lo mismo'.
Totalmente indiferente a la vida.
Quienes lo veían en estas reacciones no
podían explicarse su actitud".
"Meursault es una persona que se
deja obnubilar por el sol, le pega
varios tiros a su víctima y el sol
aparece como un elemento fundamental.
Esa influencia solar es la explicación
que da sobre el motivo del crimen,
explicación por cierto
inaceptable".
"Los intérpretes jurídicos
difieren respecto de la situación
procesal de Meursault; no sólo los
autores, sino también los estudiantes,
quienes en estos casos aparecen siempre
con una especie de conmiseración,
cuando en realidad se trata de un
criminal".
"En el juicio de Meursault no
aparecen suficientes elementos como para
considerarlo loco. A una persona se la
puede considerar autista por su forma de
vida, su indiferencia a todo, pero eso
no es suficiente como para que en un
juicio se lo considere loco".
"Creo que la sentencia debería
haber tenido en cuenta las
circunstancias del caso, todos los
elementos que tenía el juzgado para
decidir, y no haber dictado una
sentencia de muerte, sino una pena menos
contundente".
"La psiquiatría no tiene elementos
precisos, no nos da exactitud acerca de
cuándo una persona es loca o cuándo es
intolerante o tiene accesos de rabia.
Como la psiquiatría tiene graves
deficiencias, al igual que todas las
ciencias, no nos da elementos como para
sostener, en el caso de Meursault, un
diagnóstico de locura".
"El fiscal y los jueces se sentían
molestos por el hecho de que Meursault
fuera indiferente a la religión. En la
Francia de aquella época, esto tenía
mucha importancia".
"Meursault tiene una vinculación
con el hombre contemporáneo y, de
cierta forma, actúa como un símbolo de
éste; pero no se puede decir que todos
los hombres sean autistas. Es cierto que
los valores de la época han vuelto a la
gente indiferente con respecto a la
suerte de los demás, son pocos quienes
se preocupan por las personas que están
fuera del sistema y sin trabajo. Además,
hay una indiferencia con respecto a la
ética, pues la ética de la modernidad
era la de Kant, una ley universal en la
cual la ética era un fin en sí mismo.
En nuestra época, la ética se ha
disuelto, se ha desparramado, de manera
tal que nos sentimos éticos en relación
con una poca cantidad de ciudadanos,
nuestra familia y nuestros amigos, pero
no con respecto a los demás. La
universalidad de la ética se quebró,
se disolvió".
Andrés
Rivera
Reportaje
-Creo que lo que hace Camus en El
Extranjero es abreviar un poco a
Dostoievski, pero es el crimen sin
objeto; el crimen en sí mismo es la
pasión, la pasión por ejecutar ese
acto, por verlo materializado, por ver
en acto lo que uno concibió, lo que uno
imaginó. No es necesario remitirse ni a
la Rusia de Dostoievski ni al África de
Camus para decir que debe de haber
muchos Meursault sueltos en este país.
De vez en cuando, en la crónica
policial, aparecen ciertos asesinatos
que carecen de toda lógica, salvo de la
lógica del asesinato, de toda la lógica
que respeta los códigos penales, las
leyes, la supuesta convivencia
civilizada.
-El crimen de El Extranjero es un crimen
sin motivación, ¿qué expresaría
esto?
-Hasta donde yo recuerdo, en El
Extranjero, Camus hace pesar mucho el
clima, el sol, él lo usa como un factor
que incide sobre el asesino, un factor
como obsesivo, como si ése fuera un
objetivo para que alguien mate a otro.
En el caso de Raskolnikov debería ser
el frío. Es sólo la prueba de la pasión
por el crimen, es la lógica de una pasión,
es una lógica que tiene su propia
racionalidad, que los jueces no pueden
entender, más allá de todas las
tortuosidades de Raskolnikov y del
protagonista de El Extranjero. No
faltaron quienes en Raskolnikov creyeron
ver dibujada el alma rusa; entonces yo
diría: pongamos del otro lado a Chejov,
a los pequeños burgueses de Chejov, a
la pequeña nobleza provinciana de
Chejov. ¿Qué son? ¿Extranjeros en
Rusia? Como definir una vez más el alma
de los argentinos globalmente.
Lo mejor que se puede decir es que es un
escritor excepcional, a quien
seguramente Roberto Arlt leyó y leyó
muy bien. ¿O Erdosain no mata a nadie?
José
Luis Marinetti
Reportaje
Sobre Camus:
"La filosofía de Camus no es un
sistema, jamás fue planteada como
sistema, es una permanente interrogación
sobre la conducta humana y la necesidad
de ser feliz, la búsqueda de la
felicidad. Si bien sabemos que tal vez
no exista, sí existe gran cantidad de
momentos felices, que es lo que a
nosotros nos interesa".
"Camus mueve un personaje en un
mundo que ha sido sacudido por tremendas
guerras, es un medio de insensibilidad.
El 'dios ha muerto' del siglo anterior
se vuelve 'los hombres han muerto'; por
órdenes de líderes gubernamentales,
por razones políticas, murieron 150
millones de personas".
"Juzgar si la vida merece o no ser
vivida, ése es el interés fundamental
del autor".
"Existen cuatro condiciones para la
felicidad: la vida al aire libre, el
amor de un ser, el desprendimiento de
toda ambición y el acto de crear".
"Uno necesita amar para vivir; el
no ser amado es una cuestión de suerte,
un azar, pero no amar es una desgracia.
Amar es una de las condiciones de la
felicidad".
"Una de las palabras favoritas de
Camus es mar. El autor, en su vida
personal, se sintió identificado con el
mar como elemento natural fantástico".
Sobre Meursault:
"Hay un poema de Baudelaire que se
llama, precisamente, 'Extranjero', en el
que le preguntan al personaje con
insistencia: '¿A quién amas?'. Él
contesta que no tiene padre, ni madre,
ni hermanos. A lo que le insisten: '¿Amas
a la patria, a la belleza, al oro,
acaso?'. 'No, al oro lo aborrezco
-responde-, amo a las nubes, a las
maravillosas nubes'. Camus toma esta
simbología de amor al elemento natural,
y llama también El extranjero a su
novela".
"Creo que El Extranjero es una
especie de tentativa de mostrar que el
mundo es absurdo, pero que, pese a eso,
hay que vivir. Su análisis pretende
buscar las razones por las cuales
nosotros debemos vivir, pero no desde
elucubraciones metafísicas, sino desde
la vida concreta del individuo con sus
cuestiones ético-existenciales".
"Sobre Meursault, nosotros llegamos
a preguntarnos: ¿cómo es que este
sujeto, este personaje, actúa así
frente a la muerte de su madre? Desde
las primeras líneas asistimos a una atmósfera
cargada de insensibilidad y de elementos
superfluos, donde los sentimientos están
como tapados, ocultos".
"La novela muestra el absurdo,
pero, al mismo tiempo, en ella se lucha
contra él. Hay que superar ese absurdo,
y lo va a hacer el hombre rebelde, aquel
que dice 'no', rebelándose".
"¿Qué es el absurdo? Es tomar
conciencia de que los actos del hombre
son inútiles, el lunes, el martes, el
miércoles, todos los días iguales;
todo sucede con el mismo ritmo, con el
mismo cansancio, que lo va ganando a
uno. Eso es el absurdo de la vida, esa
pantomima de repetición estéril de lo
mismo".
"El absurdo viene porque nadie nos
pidió permiso para traernos al mundo,
nadie nos dice cómo vivir, nos imponen
todo, desde el nacimiento hasta la
muerte, y tampoco nos preguntan cuándo
queremos morir. El absurdo está dado
por la condición de arrojado al mundo,
de lanzado a la vida, de caído en la
realidad. Encontramos el absurdo a la
vuelta de la esquina, nos movemos
constantemente en él".
"Si rechazo el suicidio pese al
absurdo de la vida, debo demostrar que
vale la pena vivir, mediante las cuatro
condiciones que hacen que este esfuerzo
valga la pena. Si logro esto, supero el
absurdo".
"El suicidio y el asesinato son
rechazados por Camus; la muerte queda
racionalmente excluida, pero resulta que
sigue existiendo y hasta se
institucionaliza en el caso de las penas
capitales. Él odió todo lo que fuera
muerte, tanto dentro como fuera de la
ley".
"Meursault no es un monstruo;
aunque se nos presente con esa
indiferencia, es un hombre modesto, un
poco desdibujado, que ama la vida en sus
dichas fáciles, en su parte natural, y
al que la sociedad le impone códigos
que a él no le interesan, desde el de
enterrar a su madre y llorar, hasta el
del matrimonio con María. Está
conmocionado y no respeta esos códigos;
elige la rebelión, elige la aceptación
del absurdo, se vuelve rebelde, en el
sentido de que, pese a las condiciones
de su vida, rechaza el suicidio".
"Meursault aparece como un extraño
ante nuestros sentimientos normales;
cualquier persona, la sociedad misma,
necesita que el hijo llore frente a la
muerte de su madre. Al principio sus
reacciones parecen ahogarnos, se nos
hace imposible coordinar con él una
respuesta emocional, pero después nos
va simpatizando lentamente, y al final
decimos: ¿por qué este hombre tiene
que morir?".
"El personaje es alcanzado muy
lentamente por la reflexión, parece
estar sumido en un juego de expresiones
contradictorias, en las que ve las cosas
de una manera y, en parte, de otra. Está
sumido en un proceso constante de síntesis
y antítesis, se nos presenta como
eternamente indeciso. La reflexión en
él es lenta, pero, a diferencia de lo
que algunos piensan, es absolutamente
consciente. Sin embargo, Meursault jamás
afirma nada, simplemente participa de la
conversación del otro y la deja
fluir".
"Nosotros tenemos un concepto de
felicidad diferente que Meursault, pero
él era, a su manera, feliz; vivía en
el instante, no en la felicidad
proyectada en el largo plazo. Cuando se
encontraba con María era inmensamente
feliz, nadando o haciendo el amor con
ella; lo que no quería, lo que le
molestaba o le era indiferente era la
institución del matrimonio. También
era absolutamente indiferente a la
ambición, a su situación profesional;
tuvo la oportunidad de un ascenso, de ir
a París y cambiar de vida, lo que no le
interesó en lo más mínimo, ésta era
su mayor indiferencia".
"Meursault tomó conciencia de que
había sido feliz cuando dijo sobre su
homicidio: 'Comprendí que había roto
el equilibrio del día... el silencio
excepcional de una playa donde había
sido feliz'. Su felicidad provenía del
orden natural, de vivir nada más que el
momento; la felicidad para él eran esos
instantes, yo no creo en esa
insensibilidad que se le adjudica".
"En la obra flota siempre una
pregunta: ¿cómo debe comportarse un
hombre cuando no cree en Dios ni en la
razón?".
"Meursault comete este crimen sin
razón, llevado por agentes de la
fatalidad, la playa delante de él con
un sol infernal, este segundo sol de la
novela que transforma la materia, que
aparece como una espada, que lo quema y
lo ciega, que lo baña en gotas de
sudor. El sol es el responsable de la
muerte, es el portador de la tragedia, y
es bajo su presión que el gatillo cede.
Son cinco tiros, son los golpes que
llaman a la puerta de la desgracia, como
en la Quinta Sinfonía de Beethoven, la
sinfonía del destino, son cinco
disparos con los que el protagonista
convoca a la catástrofe. Meursault se
ve arrastrado por sensaciones, por un
medio natural de tensión enorme, y al
ser un hombre que vive absorbido por el
presente, no repara en el instante
siguiente y, sencillamente,
dispara".
"Meursault no es un insensible
total, sólo tiene un aferramiento
absoluto con el instante presente, el
que está viviendo. Nuestra sociedad
vive en entredichos, nosotros
construimos cosas abstractas en la vida,
pero él ignora cualquier chantaje
sentimental, cualquier rito. No lo
estorba ningún pasado, ninguna
pesadumbre, ningún devenir. Su vida
tiene un elemento de unidad con el
instante y vive sólo eso,
apasionadamente relacionado con el
mundo".
"Es un personaje que no tiene
sentido de la falta; evidentemente, es
culpable de matar, pero él no siente
espontáneamente después de haber
matado. Sólo piensa que con ese disparo
ha roto la armonía y el equilibrio del
día, el maravilloso silencio de una
playa donde fue feliz".
"Meursault es un asesino absurdo,
es arrastrado por un encadenamiento
fatal; el hecho de tener el revólver en
el bolsillo, el sol, encontrarse otra
vez con el árabe, haber vuelto al
lugar, es todo una circunstancia.
Evidentemente, es un asesino absurdo y
esto lo convierte en inocente. No es
aquel asesinato premeditado, hay una
violencia solar tan grande, que se
afecta toda la estructura psicosomática
del individuo. No cabe la menor duda de
que es un asesino inocente. En su celda,
el personaje medita y encuentra la
absurda circunstancia de ser condenado a
muerte por un asesinato absurdo. Él
nunca quiso matar, y llega a una doble
acepción del mundo: por un lado, el que
le es indiferente; por el otro, el que
le es finalmente fraterno".
"Una pregunta interesante es ésta:
¿existen los asesinos inocentes? Si
tuviéramos que juzgarlo nosotros, ¿qué
pena le aplicaríamos?".
"En la novela casi no hay descripción
de la víctima, el árabe. No se sabe
sus características, lo que lo vuelve
un poco simbólico; no hay descripción
de un ser humano concreto, objetivo,
presente".
"La rebelión de Meursault tiene
una serie de rechazos: uno hacia la cara
ineludible de la muerte. Cuando uno no
cree en otra vida, el tema de la muerte
se presenta inmediatamente, algo que no
le puede solucionar el capellán de la cárcel.
La opresión de un orden social en el
que se ha movido y donde no se comportó
según las reglas, por lo tanto, lo
castiga".
"El mal y la historia son elementos
que deben ser superados por medio de una
ética, que no tiene nada de cristiana,
es una ética estoica, fundada en el
ejercicio constante de la virtud, en la
propia autosuficiencia, que le permite
al hombre rechazar los bienes
exteriores, que lo obliga a vivir
conforme a la naturaleza, conforme a la
razón. En tanto pueda entender lo
natural, y la aceptación del destino
como fuente de felicidad, la ética se
ilumina con la luz de la indiferencia,
es la alegría de vivir, es la alegría
del hombre que acepta su propio destino,
que se contenta con su pasado. La rebelión
del personaje es la reafirmación de los
derechos del individuo".
"Meursault vive con lo que es,
rechaza enmascarar los sentimientos, y
como no lo hace, la sociedad lo condena.
Si él hubiera dicho: 'No debería haber
matado', se lo hubiera mirado diferente.
A él se le pide que lamente su crimen
según fórmulas preestablecidas. Y él
parece mostrar más fastidio que
lamento. Si se hubiera echado a llorar,
no lo hubieran condenado. El Extranjero
es la historia de un hombre que, sin
ninguna aptitud, acepta morir por la
verdad. El autor describe al personaje
como el Cristo que nos merecemos, aquel
que decía siempre la verdad, pero que
igualmente es condenado".
"Meursault, como Cristo, fue
condenado por no decir una cosa
diferente de la que siempre quiso decir.
La fidelidad a la palabra hace que lo
condenen. Es un mártir de la verdad y
es, en realidad, un pobre hombre
desnudo, amante sólo de la naturaleza.
Él ha existido por momentos como una
piedra, como el viento, y la verdad es
lo único que le interesa. Parece, de
todos modos, que el hombre necesita que
le mientan; es triste, pero es la
realidad, y Meursault acepta su
destino".
Noé
Jitrik
Reportaje
-¿Cómo compararía a un personaje
lleno de ideas como Raskolnikov con uno
como Meursault, impasible?
-El extranjero fue para mí un libro
capital, lo leí con mucho interés, con
mucha pasión; incluso incorporé
algunas de las cosas en una novela que
escribí, algo sobre Meursault y su
extrañeza.
En realidad, él no es cristiano, el
planteo no es cristiano; a diferencia
del de Dostoievski, aquí hay algo como
de incomodidad de un sujeto en el mundo.
Esa incomodidad hace que todos los
acontecimientos que lo rodean le generen
una especie de malestar; en realidad, la
idea de malestar es freudiana, y
Meursault la encarna en un sentido
individual. Para Freud, el malestar era
social, el malestar en la cultura era
como los desajustes culturales: podían
ser una fuente de neurosis en el sujeto.
Meursault no hace ese tránsito, no se
siente víctima del malestar social;
simplemente se manifiesta en un malestar
individual, en todos los órdenes, que
tiene, además, una fuente: viene de la
literatura decadente simbolista del
siglo pasado, en la cual los roces, los
ruidos, los choques y el mal gusto eran
como agravios que padecían ciertos
individuos y que les generaban una
sensación de malestar, de agitación,
de estar descolocados, porque el entorno
era homogéneamente perturbador. En ese
sentido, Meursault es un poco heredero;
aunque no reclame esa tradición,
simplemente la manifiesta. Si
corporalmente no siente nada de lo que
lo rodea, basta con que algo le moleste
para intentar suprimirlo. Ahora es también
cierta reinterpretación del pensamiento
haidegeriano, existencialista; es decir,
el sentido de la libertad y lo que el
individuo es capaz de hacer simplemente
para verificar que la posee, no con una
finalidad superior, sino para verificar
simplemente que puede decidir algo en
relación con lo que lo perturba. Le
molesta el sol y mata al árabe. En la
obra de Camus eso ha dado lugar a
interpretaciones más bien psicológicas.
Él, que no lloró por la muerte de su
madre, ¿qué problema iba a tener en
suprimir a un árabe? Pero no es eso; es
decir, la insensibilidad no es una
explicación. Por el contrario, me
parece que ahí hay una sensibilidad muy
aguda en relación con aquello que lo
pone en una situación de desventaja
respecto de un orden incomprensible del
mundo. Para restarle ininteligibilidad,
quiere sacarse la molestia de encima;
entonces no encuentra otro camino que el
asesinato, matar.
Axel
Eljativ
Reportaje
"Algunos autores nos alertan de los
peligros de la empatía, se menciona el
famoso aforismo francés que reza:
"Todo lo que puede ser comprendido
está ya perdonado". La magistral
forma en que Camus escribe nos pone tan
bien en el lugar del asesino y nos
permite una comprensión tan buena de su
personalidad, que nos lleva a pensar
que, en su lugar, habríamos hecho lo
mismo".
"La verdad que se construye durante
el expediente judicial es resultado de
las luchas de poder que cohabitan en él
y no de un "descubrimiento"
del juez. La interpretación de las
normas es una cuestión ética y política,
no sujeta a reglas preestablecidas que sólo
sirven para dar apariencia de
sistematización".
"El juez debe concebir la situación
del criminal desde una doble
perspectiva: por un lado, como
espectador imparcial que evalúa el
hecho fríamente; por el otro, desde una
posición de empatía, que comprenda la
constelación emocional del delincuente,
posiblemente obnubilado por sentimientos
diversos de cólera, venganza, demencia
o incomprensión del acto".
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