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Asesinos
de novela
Una
galería de los más célebres criminales literarios
Este
número: "El Perfume", de Patrick Suskhin
En esa París atestada de gente, de hedores, de sudores añejados en el
cuerpo por años, donde la gente no se bañaba nunca y recurría al perfume para tapar el vaho envenenado que cubría el
aire, nace un genio maligno, un superdotado del olfato, a quien su madre
intenta degollar durante el parto en un basural del mercado. Grenouille
sobrevive a todo, a su infancia impiadosa, a un trabajo inmundo de
curtidor, al ántrax, al odio que despierta en los demás su completa
falta de olor corporal.
Logra
por fin un trabajo que le permite desplegar su genio como aprendiz de
perfumista y enriquece al dueño creando las perfectas fragancias, que comprarán desesperados los nobles de
toda Francia.
Pese
a su salario miserable, logra robar a su maestro el secreto codiciado:
como arrancar a las sustancias sus olores mediante el destilado.
Pero
él está lejos de contentarse con armar su propia fábrica de colonias y
pomadas. Logra, llevado por su nariz infalible, armar un procedimiento
para obtener el olor de los seres vivos .Concibe entonces un sueño
demente, una tarde en que deambulando por las callejas de París, queda
cautivado por una fragancia deliciosa. Arrastrado por ella, husmeando el
aire como un perro, llega a la ventana donde una muchacha pela unas
ciruelas. Extasiado por el aroma que despide, la estrangula en un acto de
posesión desquiciada. Desde entonces, Grenoullie, el más insignificante,
el más despreciado de los mortales, se dedicará a la obtención del
perfume perfecto, aquel que le dará el amor de la humanidad, la postración
de todos ante su genio nasal.
Varios
pueblos se ven sacudidos por el asesinato en serie de hermosas jovencitas
y no se encuentra al fantasmal asesino. Mientras tanto, el perfumista
destila de aquellas flores el néctar irresistible. Genialidad y demencia
de la mano. De los miles de chiquillos nacidos en la rivera de las
cloacas, sumergidos en los vapores de las minas o el veneno de las
curtiembres, escupidos desde las primeras luces hasta el último aliento
en el rostro, ha nacido uno con capacidad de venganza. La ciudad, el mundo
entero, deberán prepararse para el golpe. No esperen clemencia de quien
no la conoció nunca. |