|
Esteban
Ierardo
Reportaje
"¿Cómo se legitimaba el poder en
su época? A partir de que ese sujeto
presentaba un apego a lo mejor de la
tradición, la justificación del propio
lugar en la existencia social, en el
poder político y por lo tanto en la
historia de Rosas, tenía que ver con su
capacidad de mando, la capacidad de
control sobre los hombres, y esa
capacidad se conseguía en la
superioridad física, la expresión del
coraje y del valor, así se costituía
un caudillo, es decir, aquel que podía
expresar un coraje, un valor superior a
los otros. Por esa vía, se accede a su
condición de superioridad política".
"Esta forma en que llegó al poder,
condiciona su propia identidad, él
accede no por ser el mejor en los
valores heredados de una tradición católica,
si no por ser una excepción, dentro de
lo que es la aceptación media a ciertos
criterios de ética y de respeto
cristiano al prójimo, él es quien
muestra más coraje y valor".
"Este carácter excepcional hace
que Rosas tenga que ser percibido como
un sujeto que pretendía que su acción
se justificara desde un código
individual, un código propio, y esto a
su vez tiene otra justificación en el
contexto de una política moderna
maquiavélica, donde el príncipe
considera que su legitimación no tiene
que ver con los valores sociales
colectivamente aceptados sino con un código
individual, que está sostenido en su
propia capacidad de gobierno, capacidad
para controlar, para adquirir y para
matar a los pobladores,
Desde esa lugar excepcional habría que
tratar de comprenderlo, creo que lo de
Rosas hay que tomarlo en un contexto de
búsqueda turbulenta de poder propio de
la historia argentina ese siglo, yo me
abstendría de hacer una relación moral
respecto de el, .."
"Como decía Darwin quien conoció
a Rosas: "Es un hombre peligroso,
en especial, cuando ríe", es
decir, hace todo un manejo actoral por
parte de las escenas, hace toda una
construcción ficcional de su uso
arbitrario del poder.
Me permitiría verlo como de un
personaje actoral en
escena y tiene que ver con esa actitud
suya de rodearse de bufones...."
Marcelo
Di Marco
Reportaje
"La figura de Rosas es muy
discutida, hay que ver en qué contexto
lo planteamos a él como criminal, por
ejemplo, el tema de la esclavitud: hoy
la condenamos, pero antes, esto permitía
que no se mate a un pobre Cristo, se lo
reemplazaba por "vení a casa y
servime, que preferís? La esclavitud,
desde esta óptica no era tan
mala."
"Pienso que el costado positivo de
Rosas fue la conciencia nacional contra
el invasor extranjero, que en hechos
como la Vuelta de Obligado, se
manifiesta. Fue una derrota, pero en el
fondo, una victoria, le demostramos al
Imperio que no nos tuercen el brazo así
nomás."
"Si el pueblo argentino en 1982
conducido por una bestia peluda, hizo lo
que hizo en Malvinas y antes, con Rosas,
en la Vuelta de Obligado, los grandes
popes del imperio pensarán: "que
no harán estos tipos bien
conducidos", vamos a mandarles más
Mc. Donalds para que vayan perdiendo su
identidad"
"Estamos hablando de una época en
la que no había vuelta atrás, donde la
gente honestamente pensaba que librarse
de los enemigos era algo bueno, porque
le permite quitar obstáculos, si hay
que renunciar a unas cuantas éticas,
bueno, qué se le va a hacer, pero
pienso que Rosas no era un asesino en el
sentido que le estamos dando, de
perverso. La Mazorca, sin embargo, en
lugar de degollarte desde la yugular,(
así en treinta segundos se pierde la
conciencia y en un minuto y medio la
vida) empezaban a degollar a sus víctimas
desde la nuca. No hay nada, nada, hasta
llegar a la yugular como para decir
"este tipo se me muere".,
"Si el interés de Rosas era que
gracias a su larga estadía iba a poder
vencer a las potencias extranjeras, iba
a poder vencer al liberalismo, podría
vencer a la corriente europeizante, que
estaba invadiendo a la nación , que
estaba perdiendo su sentido nacional y
su sentido religioso, léase masonería
y revolución francesa exportada desde
Europa, yo entonces soy rosista, ahora,
de esa teoría tan bonita, bajás
abruptamente a la realidad. Quien educó
más gente Sarmiento o Rosas?
"La cosa pasaba por una cuestión
de poder omnívodo o incluso con una visíon
totalitaria antes del siglo del
totalitarismo que fue el siglo veinte,
Rosas fue totalitario antes del
totalitarismo, un precursor. Así como
en la época de Perón la gente no podía
laburar si no estaba afiliada al partido
peronista, si no tenías con Rosas tu
cinta punzó, era una condena. En su época
por supuesto que hay que hablar de
asesinato! Cómo no hablar de asesinato?
Y toda la gran teoría de los
revisionistas, de los rosistas,
simplemente se te desvanece cuando se
entra en el Museo de Historia Nacional,
en el parque Lezama y encontrás
banderas rojas que dicen "Muerte a
los salvajes, asquerosos unitarios!,
Viva la Santa Federación,! etc.
etc."
"La búsqueda de esa zona
intermedia entre el Jekyll y el Hyde es
lo que caracteriza no sólo al ser
humano, sino a las naciones, nosotros
estamos acostumbrados a ver la historia
de nuestro siglo como una historia de
buenos y malos. Están los malos que
eran los nazis y japoneses y los buenos,
los rusos, con cien millones de muertos
y los ingleses que hicieron lo que se
les antojó en todas las partes del
mundo, con esto no quiero decir que lo
que hizo Hitler o lo que hicieron los
japoneses con los chinos era una
maravilla, pero lo que quiero decir es
que el ser humano, independientemente
del momento histórico, del contexto,
independientemente de la latitud, tiene
en sí un componente de mal, un
componente perverso"
"La clave no sólo de la literatura
sino también del arte, supone el hecho
de poder encontrar que la bestia humana,
no solamente porque sea nazi, porque sea
demócrata o porque sea rosista o
estanilista, todos, todos, está bajo
esa ley del pecado que enuncia San
Pablo, "Dejo de hacer el bien que
quiero para hacer el mal que
aborrezco."
Eugenio
Zafaronni
Reportaje
"En el crimen político, las técnicas
de devaluación, de rebajamiento de la víctima
no son individuales sino socializadas,
tienen un armazón ideológico que las
racionaliza. Por ejemplo, en el nazismo,
la racionalización estaba armada con
literatura, con un discurso muy orgánico.
También la dictadura argentina se
expresaba en el discurso de seguridad
nacional. Tengo mis dudas con respecto a
que la coyuntura de una época sea una
atenuante para los crímenes políticos.
Hay quien sostiene que un discurso
genera una cultura y quien nace
imbricado en esa cultura o se inscribe
en ella posee el paliativo. Esta postura
se sostuvo en casos aberrantes, yo no
creo que determinadas aberraciones
puedan racionalizarse de esa manera, y
considerar que un discurso y unos
valores puedan llegar a ser
atenuantes".
"Rosas no es el único criminal.
Los suyos eran crímenes políticos muy
precisos, pero ¿no es acaso criminal
por parte de los dirigentes del mundo
dejar que el hambre siga? ¿No se
producen muertos cuando alguien recorta
el presupuesto de sanidad de cualquier
país latinoamericano? O al cerrar
dispensarios, ¿no se está condenando a
muerte por deshidratación a una
cantidad enorme de bebés? Rosas tiene
una banda de asesinos que sale a la
calle a matar, y plasma la imagen de
homicida; pero también lo otro
mata".
"Entre los delitos vinculados al
poder, hay uno que llama poderosamente
la atención, que es el magnicidio. Su
característica diferencial es que el
magnicida relaciona su nombre con el de
la víctima; es casi inevitable, de
alguna manera entra en la historia. Es
como una necesidad de trascender, que
algunas veces se presenta en algunos
psicóticos. También está el pintor
mediocre que tiró la piedra a la
Gioconda, o el caso de la piedad,
siempre se trata de quedar ligado a la víctima".
Enrique
Marí
Reportaje
"Los crímenes de Rosas son
puramente políticos. Era la época de
los caudillos, Quiroga, Güemes; cada
uno tenía el poder en sus límites. Y
ésta es una situación que actualmente
todavía se ve en las provincias
argentinas".
"Durante el gobierno de Rosas había
torturas. Estaban los mazorqueros, y era
un mérito pertenecer a ellos. El tema
de la violencia no era nuevo, pero Rosas
la incentivó".
"Al margen de si tuvo o no
responsabilidad en el crimen de Quiroga,
su gobierno era paralizante en el
desarrollo del país".
"Los crímenes políticos, al menos
en la Argentina, nunca han sido
beneficiosos, sino todo lo contrario.
Los crímenes de la última dictadura no
sólo no desarrollaron el país, sino
que lo dejaron con una deuda de miles de
millones".
"Tampoco se justifica el crimen político,
aunque diera buenos resultados; no se
pueden justificar los crímenes de
Rosas, así como no se podría respaldar
la mazorca si hubiera sido armada por
los unitarios".
Andrés
Rivera
Reportaje
-Respecto de Rosas, ¿comparte la visión
que emana del Facundo de Sarmiento, o
sea, la visión de él como sanguinario?
-Bueno, éstas son, salvando la
inteligencia y la notable escritura de
Sarmiento, las escrituras de un liberal.
¿Qué quiere decir sanguinario? Ésas
eran épocas en que el crimen político
era utilizado cuando interesaba a una
determinada clase. Rosas fue, en
definitiva, el representante de los
grandes hacendados de la provincia de
Buenos Aires. Personalmente no cometió
ningún crimen, mandó matar, organizó
la Mazorca, el primer grupo de tareas
que tuvo este país, y lo hizo
efectivamente para combatir a sus
enemigos. Uno de sus consejeros, un
consejero áulico, fue un Anchorena;
entonces, ¿por qué hablar de él como
sanguinario? ¿Acaso Sarmiento no dijo
"derrame sangre de gaucho, que es
barata"?
El general Roca, que da nombre a
diagonales, que tiene su monumento en
esta ciudad, ¿no marchó por las mismas
huellas que Rosas en su campaña al
desierto? ¿A cuántos centenares y
centenares de indígenas mató Avala con
la sífilis que transmitían sus
soldados? ¿Por qué Roca no es
calificado como sanguinario? En nuestra
historia se repite: Hipólito Yrigoyen,
que (uso un término que a mí me
resulta desagradable) realizó un
gobierno progresista; el gobernador
Benigno Varela, que llevó a cabo la
matanza de los peones en el sur... ¿Hipólito
Yrigoyen fue sanguinario? La pregunta
está contestada.
-¿A qué obedece la imagen histórica
de Rosas, además de la prédica de
Sarmiento? ¿Por qué se cristalizó
esta imagen de Rosas?
-Ha dejado de ser tan así, ¿verdad?
Por un lado, durante décadas y décadas,
los que pasaron por la escuela primaria,
la secundaria y la facultad tuvieron
como maestros o como profesores a
quienes enseñaban desde un enfoque
liberal, y de allí que se dibujara ese
perfil de Rosas. En cierto momento esa
historiografía unánime se quebró, y
apareció el llamado revisionismo histórico;
y creo que ya hay varios institutos que
se denominan Rosas, no estoy muy seguro
de si no hay alguna población en la
provincia de Buenos Aires que lleva el
nombre de él, y creo que hay propuestas
para levantarle un monumento; y como en
este país todo es lento, es probable
que de aquí a cinco o diez años, esas
propuestas se materialicen. Es un punto
de vista ideológico de una clase que
necesitó defenestrar o convertir a
Rosas en chivo expiatorio de lo que ella
había realizado, y esto no exime a
Rosas de sus responsabilidades históricas
en verdad, pero ¿quién puede juzgarlo
hoy de esa manera? Sólo autores muy
solitarios y abandonados, como Lisiades
Peña.
-Entonces, ¿a Rosas no lo considera un
criminal, sino alguien que, en un
determinado contexto político, tiene un
plan de consolidación, de manutención
del poder, tal vez una idea un poco
maquiavélica?
-Dejemos a Maquiavelo, un gran pensador,
un pensador muy avanzado para su época.
En el mundo feudal sus ideas parecieron
demasiado usadas, y de allí para abajo
o para arriba, la palabra maquiavelismo
se usa con bastante desacierto. Pero yo
insisto: Rosas fue eso y nada más que
eso. ¿Es casualidad, además, que Rosas
haya terminado sus días en Inglaterra?;
no fue a morir a Francia, por ejemplo.
Si es por eso, Rosas no dominaba ni el
inglés ni el francés, pero se fue a
Inglaterra protegido en un barco de
guerra inglés, protegido por la bandera
real, y allí fue tratado como un
gentleman.
-¿Cuál cree que es la acción política,
en lo referido a ordenamientos de crímenes,
más abusiva de Rosas?
-Sería difícil hablar de qué fue lo más
abusivo de él, pero me temo que, con
todos los pactos que tendió con algunos
grandes caciques indios, Rosas fue
bastante severo en su campaña contra
los indígenas, porque finalmente no
eran blancos, finalmente no pertenecían
a la clase acomodada, finalmente
ocupaban tierras. Incluso con las
características de los indios de este
país, que eran nómades, pero ocupaban
tierras que a sus amigos, a sus
sostenedores y a los miembros de su
clase no dejaban de interesarles.
Pensemos, además, que en el momento del
gobierno de Rosas, Buenos Aires no tenía
más que 60.000 habitantes. Sin contar
los que residían en la provincia de
Buenos Aires, ¿cuántos de ellos eran
hombres y mujeres de fortuna? Los demás
eran de clase media, mestizos, esclavos,
pequeños comerciantes, pequeños
contrabandistas, artesanos, miembros de
su ejército, de sus fuerzas de represión
y de sus mujeres, claro.
-¿Qué factores considera que modelan
el temperamento de Juan Manuel de Rosas
dentro de su vida personal?
-Digamos uno: ¿hay noticias de que
Rosas haya participado en el Ejército
de la Independencia? Si la respuesta es
negativa, ése es un indicio bastante
fuerte acerca de dónde se ubicaba
Rosas, dónde estaba parado, hacia dónde
tendían sus intereses.
-Sarmiento habla sobre el origen godo de
Rosas. Incluso, respecto de su educación
personal, marca una educación
caracterizada por valores aristocráticos,
y también influida por la Inquisición.
Da el ejemplo de su madre, que se hacía
servir de rodillas. Dentro de este
contexto en que se cría, ¿qué influye
sobre su personalidad?
-Él se bajaba los calzones para que su
madre le diera azotes en el trasero
hasta los dieciocho años. Era el
problema de un ordenamiento familiar que
él aceptó, respetó y transmitió.
Observe que Manuelita, que tuvo un
pretendiente por años, recién se casó
cuando Rosas tuvo que abandonar el país,
y Rosas repudiaba ese casamiento y se
quedó solo ahí donde estaba, viviendo
una suerte de incesto platónico.
-En un pasaje del Facundo, Sarmiento
menciona que el modelo político que
Rosas aplicó sobre su gobierno era
calcado de la estancia; compara la
fiesta continua que impone con la fiesta
de la yerra; la cinta colorada es la
marca a fuego, es la marca del
estanciero sobre el ganado. ¿Coincide
con esta visión?
-Tal vez Sarmiento haya exagerado con
eso, ¿verdad? Lo que Rosas necesitaba
era liquidar cualquier oposición. Él
llamaba unitaria a mucha gente; llegó a
llamar unitario a Echeverría, quien no
fue unitario, y a algunos otros, que
tuvieron que exiliarse para salvar sus
vidas, que no estaban identificados en
el bando unitario, que tenían otras
aspiraciones que superaban estos dos
grandes partidos que se disputaban el
poder.
No sé, creo que para pensar en cómo
Rosas gobernó este país, habría que
recordar alguna frase de él, en la que
manifestó que añoraba los tiempos pacíficos,
idílicos, anteriores al 25 de mayo de
1810. Por cierto, si él nació rodeado
de cuidados, con una madre como la que
tuvo, con un orden como el que ella
impuso en su casa, y con la mujer con la
que él se casó, que era un modelo
parecido al de su mamá, entonces hay
que llamar en auxilio a Freud, para dar
un aporte, que no sea ni histórico ni
ideológico, acerca de un carácter como
el de Rosas. Facundo no viene de una
familia tan acomodada, ni de una región
tan rica como Buenos Aires; Facundo
viene de una provincia que en ese
momento era muy pobre, como la Rioja, y
también llama la atención: Facundo
tampoco participa en la Guerra de la
Independencia. También me llama la
atención; yo no creo que haya sido por
la edad, porque a Facundo lo matan
joven, en relación con la Guerra de la
Independencia, y él ya era el dueño de
la mayoría de las provincias del norte
del país. Sólo cuando tuvo que
enfrentar a José María Paz, allí toda
su bravura, todo el ímpetu de su
caballería se hizo añicos frente a la
estrategia de tal vez uno de los mejores
generales que tuvo la Argentina. Y es
posible que en eso Sarmiento se aproxime
a la verdad, pero, como siempre, exagera
un poco. Marcar ganado lo marcaban
todos, los estancieros unitarios y los
estancieros federales. En definitiva, la
marca era una cuestión de propiedad
privada, de distinguir mi vaca de la
tuya.
-Respecto a la propiedad privada,
Sarmiento subraya que Rosas castigaba
severamente este tipo de delitos.
-Claro, pero lo que él castigaba eran
robos de gallinas, pequeños
cuatrerismos, le robaban tres o cinco
vacas al estanciero de al lado. En lo
que fue este país, no se conoció el
caballo hasta que llegaron los españoles;
muchos de ellos fueron liquidados por
los indios, pero los caballos quedaron,
y se reprodujeron por miles y miles. Lo
mismo pasó con las vacas, no había que
hacer casi nada, sólo dejarlas pastar;
y con una población tan escasa, solía
correr la versión de que a veces un
paisano mataba una vaca para comerle
nada más que la lengua.
-Hay un episodio que Sarmiento describe:
al ser muerto Maza, evidentemente por
orden de Rosas, un gobernador dice:
"Rosas lo mandó matar", y su
secretario responde: "Si lo mató,
tendrá sus razones". ¿Qué opina
de esta lógica, de Rosas como fuente de
la verdad?
-Yo no digo que haya sido fuente de
verdad. Recuerde cuando, en la dictadura
militar, alguna persona, un joven o un
adolescente caía preso, los que estaban
en libertad, los aparentemente
neutrales, decían: "Por algo será".
Entonces, si Rosas lo mandó hacer, es
porque sabía. Ésta es una educación
que aquí se ha transmitido durante
siglos: el respeto al que manda.
-Sarmiento describe aspectos de carácter
de Rosas; en el prólogo del Facundo lo
ve como una especie de encarnación de
Quiroga, una especie de recreación,
pero sistematizada. Lo que en el primero
era instinto, en Rosas se vuelve cálculo,
frialdad, plan político sistemático,
una especie de conversión racional de
Quiroga.
-Ésa es la inteligencia de Sarmiento,
ese tipo de interpretaciones. Él
escribe el Facundo cuando tiene treinta
y siete años; la edad no determina
nada, pero lo escribe en el exilio sin
haber conocido el país, y hace una
descripción excepcional para los medios
de aquel tiempo, y él solo llama
panfleto al Facundo. Y hoy es un clásico.
Con esto no pretendo insultar al
Facundo, por el contrario; está entre
lo mejor que se escribió en este país,
pero creo que eso es lo mismo que tratar
de establecer cuáles fueron las
diferencias entre Manuel Belgrano y San
Martín. Que yo sepa, Belgrano nunca fue
militar, era alguien versado en economía;
San Martín hizo la carrera militar, pasó
por academias españolas, participó en
las guerras que libró el reino de España...
Sin embargo, la historiografía los
uniformó, nunca nos habló de cómo
eran ellos en la intimidad, despojados
de la teatralidad de ciertos actos:
Belgrano creando la bandera argentina al
borde del Salado, creo, San Martín
cruzando los Andes en camilla. Se decía
de Belgrano que era un gran amante, eso
en los manuales de historia no aparece.
De pronto acá hubo un escándalo porque
alguien escribió un libro y dio cuenta,
verdad o ficción, de que San Martín no
le iba en saga. Pero ¿por qué no?
Ahora, si pensamos en la historia de
este país, ¿que veían en sus casas
los hijos de las familias acomodadas? ¿Cuál
era el ejemplo que traían? ¿O acaso no
veían a sus papás y a sus hermanos
mayores acostarse con las sirvientas,
por ejemplo, a las mestizas, a las
mulatas, a las negras y a las que no lo
eran? Creo que ésa era una costumbre
propia de la clase pudiente argentina.
León Tolstoi, que no era argentino,
tuvo una vida bastante agitada en ese
sentido; que su esposa no lo haya
abandonado es otra cosa, pero era León
Tolstoi, no por su valor como escritor,
sino porque era dueño de mucha tierra,
su apellido era uno de los más notables
de la nobleza rusa; es difícil
separarse de un apellido cuando tiene un
cierto esplendor. Creo que ese tipo de
diferencias entre Quiroga y Rosas son
meras apreciaciones. Sarmiento dice
también que Quiroga siempre fue
unitario pero que no le quedó otra que
ser federal. Y piense que, en
definitiva, Rosas era el gobernante de
un gran puerto, por acá salían las
exportaciones argentinas, que no eran más
que cuero y tasajo, supongo, o la carne
que los ingleses pudieran comprar, y
entraba todo lo que los ingleses querían
vender. La Rioja es una provincia
mediterránea, no tiene puerto.
-Volviendo al tema de la frialdad de
Rosas, como si él ejecutara un plan
heladamente planeado, con una idea de
poder, ¿qué le parece esto?
-Yo creo que él no obraba solo; que eso
respondiera a un tipo de carácter tiene
que ver con esas características de la
formación de un hombre. Churchill también
venía de una de las familias de la
nobleza británica, y parecía ser un
hombre impulsivo, turbulento. De Gaulle,
la palabra quiere decir algo, parecía
lejano, hierático, frío. ¿Vamos a
pensar que en su círculo íntimo De
Gaulle no puteaba? Para mí, el fondo de
la cuestión sigue siendo qué defendía
Rosas con su aparente frialdad, con su
plan sistemático. Su plan sistemático
fue mantener, alimentar y engrandecer la
fortuna de aquellos que lo sostenían.
-Respecto, por ejemplo, del supuesto
papel patriótico de Rosas, de la
defensa de los valores americanos,
cuando aparece el bloqueo francés,
Sarmiento marca esto como una
oportunidad de consolidar el poder hacia
adentro, contra las potencias
extranjeras.
-Yo no creo que el bloqueo francés haya
sido muy efectivo. Los ingleses sabían
cómo burlar esto. Además, más allá
de que Francia tuviera un rey, las ideas
de la revolución francesa no habían
desaparecido. A tal punto, que si usted
piensa en el gobierno de Rosas, en
Francia hubo, en menos de veinte años,
dos levantamientos armados, en 1830 y
1848; no era un país con el cual Rosas
pudiera simpatizar en cuanto a país.
Fue una de las ideas más avanzadas de
su tiempo, y entonces, hacer ostentación
de la defensa de los valores nacionales
era redituable, usó el mismo lenguaje,
palabra más, palabra menos, que usaron
los comandantes en jefe desde el 24 de
marzo del 1976: la patria, el honor, la
dignidad, los apátridas, los
subversivos; y gozaron del favor y el
apoyo de las grandes potencias de su
tiempo. La dictadura militar del '76
tuvo en su gabinete, como ministro de
Hacienda, nada menos que a un Martínez
de Hoz, y ese gobierno fue apoyado por
los Estados Unidos, y los organismos
estadounidenses tuvieron participación
en eso que se llamó Plan Cóndor. Rosas
tuvo la protección de Inglaterra, y usó,
palabras más o menos, el mismo lenguaje
para vilipendiar a sus opositores y a
quienes se resistían a su gobierno, lo
mismo que hicieron los militares de
1976.
-Con respecto al tema del lenguaje, hay
una frase de Rosas: "El que no está
conmigo es mi enemigo". La cuestión
lingüística es una de las características
interesantes de su gobierno.
-"El que no está conmigo está
contra mí", ésa es la frase; es
el lenguaje de siempre, es la defensa de
la argentinidad. Esto aún ocurre en
gobiernos democráticos, la exaltación
de las virtudes nacionales, ¿o acaso no
se habló de eso en los gobiernos de
Yrigoyen? Allá por el '21 o el '22, el
teniente coronel Varela, con la protección
y la aprobación de un gobierno democrático
y elegido en las urnas, ejecutó a
centenares y centenares de peones en el
sur. ¿Y de qué hablaba el coronel
Varela? De la defensa de los valores
nacionales, de la argentinidad, en
contra los anarquistas, los
maximalistas, etc.
-Históricamente, ¿considera que el
gobierno de Rosas cumplió un papel benéfico
en la historia argentina?
-Veamos, ¿cuánto de desarrollo
capitalista hubo en el gobierno de
Rosas? ¿Cuándo se tendieron acá las
primeras líneas férreas? ¿Cuándo se
instalaron aquí las primeras grandes fábricas?
Las primeras grandes fábricas fueron,
en realidad, los saladeros, y después,
en su prosecución, eso que se llamó
los frigoríficos. La mayoría de ellos
estuvo en manos británicas, hasta que
cumplieron su ciclo, pero cuénteme cuándo
llegaron aquí las fábricas de
medicinas o los laboratorios, que eran
propios de los países avanzados, que
beneficiaban a un país rico y con
tantas posibilidades como la Argentina.
¿Cuánta explotación minera hubo en
este país? ¿Cuánta exploración? El
propio Roca no llegó más allá en la
reedición de la Campaña del Desierto,
habrá llegado un poco más abajo que la
gobernación de La Pampa. Después, en
todo lo demás, empezaron a aparecer los
galeses...
-Ahora, Sarmiento, siendo incluso
detractor de Rosas, marca como positiva
la cuestión del orden, del ordenamiento
nacional.
-Claro, pero ¿qué era Sarmiento? Hay
dos Sarmientos: uno es el sostenedor del
orden y el que aspira a ser presidente;
el otro, que ya cumplió sus
aspiraciones, que ya fue presidente, es
el que entra en el Senado y dice:
"Acá hay mucho olor a bosta".
No son meras palabras, no son sólo símbolos,
dibujan el perfil de un tipo político.
Todos sabemos qué papel juegan los
senadores. Ahí se ve en las elecciones
de los Estados Unidos, país avanzado
industrialmente, tiene una constitución
de hace doscientos años, con un
conflicto que ha partido al país por la
mitad, y un país donde sólo vota algo
menos del 50 por ciento de los
inscriptos, si ése no es un gobierno
minoritario, yo no sé qué es. Con
Rosas pasa algo así, sólo que él no
era protestante, no era anglosajón, sus
ascendientes provenían de esa España
negra feudal, atrasada, que sólo se
modernizó después de una de las
guerras civiles más sangrientas que
conoció la historia y con cuarenta años
de franquismo vigente. El Sarmiento que
aspiraba a ser presidente no podía
dejar de afirmar que Rosas era un
sostenedor del orden, él también.
--¿Con qué personaje histórico
compararía a Rosas?
-Seguramente existen personajes que en
las mismas condiciones políticas,
sociales y económicas que Rosas son
comparables a él, seguramente alguno de
los tantos caudillos que pulularon por
América del sur y el Caribe, ¿verdad?
Y salvando todas las distancias y
hablando del Caribe, pensemos en
Fulgencio Batista, pensemos en una
monarquía como la del zarismo, o de los
emperadores chinos, que no tenían ni
idea de dónde terminaba, cuál era la
última frontera de su país. La
literatura y el teatro han difundido la
imagen de los mensajeros que tardaban años
y años en regresar con respuesta a los
mensajes reales, y era muy bueno para su
salud que volvieran con buenas
respuestas.
-Sí, incluso esta época, con su guerra
entre provincias, tal vez se parece a la
guerra entre los principados italianos
del 400.
-No sé, yo no me atrevería a decir
tanto, porque finalmente, la Italia que
conocemos es una Italia que depende del
Imperio Romano, y la nobleza italiana
cuenta de sus vidas protegidas por los Médicis,
y no por nada protegió a Miguel Angel y
a Leonardo una clase que podía, de un
modo u otro, pagar a sus artistas. En
realidad, al único a quien Rosas le
pagaba era a Pedro de Angelis, que era
un escritor, para que le redactase los
discursos, los decretos, los edictos,
cuanta cosa a Rosas se le ocurriera.
Noé
Jitrik
Reportaje
-Usted comenta en uno de sus trabajos
que Sarmiento distorsiona el Facundo, lo
modifica sobre la marcha e incluso llega
a amputarlo. ¿Cómo se da este proceso?
-En este punto de las correcciones, hay
que hablar de dos momentos. El primero
es el de la redacción, que es
esencialmente periodístico; Sarmiento
va escribiendo el Facundo prácticamente
día a día, o semana a semana, y, como
él mismo dice, apela más a su memoria
que a la consulta de documentos o de
informaciones que podrían ajustar más
las ideas o los conceptos. Ahí es
probable que se le hayan deslizado
muchos disparates, en el sentido de
exageraciones, de imprecisiones, de
referencias indirectas, lo cual es
comprensible, dadas las condiciones en
que trabajó. Cuando reunió todo el
material, lo publicó en un libro y éste
empezó a circular, hubo críticos, y
aquí nació el segundo momento. Estas
críticas eran a la manera
proto-positivista (como las de Valentín
Alsina, quien le hizo las observaciones)
y más bien tendían a ser correcciones
de tipo fáctico. Por ejemplo, le dice a
Sarmiento (quien llega a afirmar que en
la provincia de Buenos Aires había
10.000 estancias) que no hay 10.000
estancias en Buenos Aires. Entonces,
Sarmiento recoge las observaciones,
algunas las acepta y otras las deja. El
argumento de que deje esos disparates o
exageraciones es que, si corrigiera todo
tal como se le indica, la obra perdería
su "lozana fuerza, su lozana
imaginación", y eso ya es una
pista para la crítica, en el sentido de
que se ha considerado al Facundo siempre
sobre la base de su tesis principal:
civilización y barbarie, con todo lo
que eso implicó. Es un anal que abrió
en el pensamiento, no sólo argentino,
sino latinoamericano, y se deja de lado
que el propio Sarmiento lo considerara
creación literaria, es decir, obra
literaria, texto literario. En una edición
suprime el final entero por razones políticas,
para no establecer compromisos
doctrinarios en el momento en que va a
ser candidato a presidente.
Luego hay un largo proceso, ya muchos años
después de su muerte, incluso en el
siglo XX, de reconstitución y edición
del texto crítico, donde están todas
las variantes, todas las correcciones.
Pero lo que no se modifica es aquello
que estuvo en los comienzos del Facundo
como tarea periodística. Ese aspecto de
errores, de disparates que iba haciendo
día a día, ése es el original.
-¿En qué medida distorsionó Sarmiento
la figura de Rosas?
-Es muy difícil decirlo, porque habría
que tomar partido, es decir, en la
contienda de revisionismo o historia
liberal. Es muy difícil medir estas
cosas; quien se siente perseguido, quien
tiene que dejar el país, quien tiene
que reformularse todo no va a tener una
imagen benévola de aquel que motivó su
salida. No sé si incluso tenderá a
exagerarla desde una cierta posición de
objetividad, bastante difícil de
pensar, pero que en todo caso suelen
ostentar aquellos que nunca son
perjudicados por un gobierno o por una
acción.
Trasládelo al momento actual; la gente
que especula con intereses bancarios y
le va bien en general piensa que las
cosas no van tan mal. Los desempleados,
los jubilados y los huelguistas de La
Tablada piensan que esto es catastrófico,
y le ponen al presidente De la Rúa los
epítetos más severos, cosa que no
ocurre con otros historiadores. Hay un
contraste, entonces, entre la versión
de la figura de Rosas de los emigrados,
especialmente de los unitarios, de la
clase ilustrada de la Argentina de ese
momento, y otra, la opuesta, de los
partidarios del rosismo, que quizá lo
ven, haciendo gala de serenidad histórica,
objetivamente. Por ejemplo, Lucio
Mansilla lo ve con sus más y su menos.
Mansilla no es tan severo con Rosas como
lo es Sarmiento. En su biografía de
Rosas trata de considerarlo como un
caso; entonces es un caso psicológico,
psiquiátrico, trata de encontrar
explicación a su comportamiento, pero
no necesariamente una condena como la
que hace Sarmiento. ¿Cuál es la
verdad? Depende de la trascendencia histórica
que puedan haber tenido ciertas
acciones. Para algunos, el hecho de que
Rosas haya enfrentado a los ingleses y
los franceses en la Vuelta de Obligado
es definitivo, es una virtud
incomparable. Si a esto se le suma el
gesto de San Martín de darle el sable
corvo, ya no necesitan más para
considerar que Rosas es una gran figura,
y que todo lo que se le achaca son
pecadillos baladíes. Para quienes
padecieron el despotismo rosista o
tuvieron que emigrar, o no compartían
sus estrategias, todo eso no alcanza, y
lo que hay es una serie de agravios
incurables en la historia argentina que
trazan una línea, lo que puede llamarse
la historia liberal.
-En uno de sus libros, usted clasifica
al Facundo como un libro mixto que a
veces parece una biografía, a veces un
libro de historia, un conjunto de
cuadros y costumbres. ¿Qué es el
Facundo, concretamente?
-Todos estos temas, estos matices genéricos,
no los marco yo. Siempre se preguntaba:
¿qué será esto del Facundo? No es
novela, pero, sin embargo, es novela; no
es biografía, pero tal vez es biografía;
no es ensayo, pero es un ensayo; no es
filosofía, pero podría serlo. Es una
mezcla de todas estas cosas. Yo creo que
desde otra perspectiva se diría que es
una formulación, es una expresión muy
auténtica del momento magmático de la
literatura argentina, momento en que la
literatura en el país todavía carecía
de los parámetros genéricos del tipo
europeo. Se intentaba situarlo en
categorías que en Europa estaban muy
asentadas, pero que en el país todavía
no. Expresa un momento de generación,
de turbulencia, de búsqueda de caminos
retóricos para construir una
literatura; el mismo Sarmiento lo dice.
Además, el Facundo es, esencialmente,
un producto periodístico. Sarmiento
viene a ser una especie de
proto-periodista estrella de la
actualidad, en el sentido de que este
tipo de periodistas puede dar una
información, pero también ensaya una
interpretación; también hace un
trabajo de investigación, toma partido
y también narra. Los mejores
periodistas del mundo actual son
narradores también en el periodismo, no
aparte del periodismo.
Entonces, el Facundo es esas dos cosas;
primero, un producto de una militancia
periodística muy fuerte y sumamente
moderna que contrasta con todo el
acartonamiento del periodismo de su época
y de épocas sucesivas hasta llegar al
actual; en segundo lugar, expresa, en un
espíritu esencialmente literario, un
momento de configuración, un momento
volcánico, como si las lavas del fondo
estuvieran encontrando la temperatura
adecuada para quedarse o para salir.
Toda esa discusión sobre el género no
lleva nunca a ninguna parte, se limita a
repetirse como pregunta y no tiene
solución, porque la solución es
acumulativa: es novela, pero también es
todo lo demás.
-¿Cómo clasificaría a Sarmiento como
escritor?
-En cierto modo lo acabo de decir: es el
proto-escritor. Si siempre estamos
preocupados por adivinar la
archihistoria que está en las
formaciones literarias contemporáneas,
Sarmiento se muestra como un
archiescritor, como aquel que escribe en
el momento primitivo de la gestación de
una palabra literaria. Y si se lo
rescata como escritor, es porque no sólo
manifiesta una extrema conciencia de esa
situación, sino porque tiene un vivo
extraordinario que hace que la formulación
de ese estado de la palabra ante la
literatura sea de una riqueza y de una
fuerza tal, que sigue interesando,
impresionando, y que da lugar a la
percepción de una cantidad de vías
para desarrollos ulteriores de la
literatura. Si hay un elemento ensayístico
o filosófico en él, pues eso, se
desarrolla tres décadas después de una
manera vigorosísima; es decir, en la década
del '80 proliferan los ensayistas filosóficos
ya muy positivistas. Él mismo, en sus
libros, ensaya una sociología sistemática.
Si pensamos en la literatura de
costumbres y de la pintura que Sarmiento
hace de ciertos personajes, de ciertos
caracteres, vemos una literatura de
observación. En ese sentido, yo diría
que un escritor como Roberto Arlt en las
Aguafuertes Porteñas es heredero del
Sarmiento del rastreador, del baquiano.
Veía ahí un gran valor germinal; en
ese sentido es un gran escritor.
-¿Cómo describiría la relación entre
Sarmiento y sus personajes, Facundo y
Rosas?
-Bueno, en un libro que escribí sobre
el Facundo, aparecen las contradicciones
de Sarmiento, contradicciones debidas a
la relación que puede haber entre el
medio y la configuración psicológica.
Entonces, cuando describe a Facundo en
el medio rural, aparece como un salvaje
y un primitivo; pero Facundo en la
ciudad de Buenos Aires, obligado a
convivir con un modo cultural y
civilizado, es otro. Ese otro está
revestido de todos los caracteres
propios de la civilización y se opone a
Rosas, quien al haber salido de ese núcleo
culto, por cálculo, por especulación,
por cerebralismo, procede bárbaramente.
Ésa es la gran diferencia; de tal
manera que, hurgando y viendo las cosas
de ese modo, hay una sutil reivindicación
de Facundo por parte de Sarmiento, que,
por supuesto, en la pintura gruesa no se
nombra. Por otro lado, Facundo no deja
de ser un bárbaro y un salvaje que hizo
toda clase de tropelías en su vida,
pero este matiz de relación con el
medio lo lleva a posiciones inesperadas;
por ejemplo, a oponerse a Rosas, a quien
considera demoníacamente un producto típico
de la coagulación de intereses
ganaderos de la provincia de Buenos
Aires en detrimento del desarrollo de
todo el país.
-Sarmiento participa en la campaña de
Urquiza contra Rosas, y después del
triunfo, se enfrenta, a su vez, con él.
Se lo acusó de haber buscado un nuevo
caudillo para atacar, de no poder
desprenderse de su imagen de polemista.
¿Qué hay de cierto en esto?
-Sé que probablemente Urquiza se haya
presentado a sí mismo como un
continuador civilizado de Rosas. Situación
análoga se produjo en el golpe de 1955.
El general Lonardi, quien encabezó el
golpe contra Perón, se presentó como
un continuador de él, pero anunció que
se iba a portar mejor, que iba a ser más
correcto y más decente. Pero los otros
sectores liberales no lo admitieron y,
por lo tanto, su presidencia provisional
de la nación duró seis días. Urquiza
también quiso ser un continuador de
Rosas, pero en otro nivel, en otra
perspectiva. Seguramente, Sarmiento y
todo el grupo intelectual al que él
estaba vinculado ya no toleraban ese
continuismo, estaban pensando en un país
diferente, ya estaban pensando en términos
de modernidad. Hay que recordar que
Sarmiento ya había hecho el viaje a
Europa y los Estados Unidos, y había
visto lo que era el desarrollo económico
norteamericano, que lo había fascinado.
Él pensaba que la Argentina estaba en
un atraso brutal respecto de eso, y que
seguramente Urquiza seguiría
profundizando ese retraso. Eso, ligado a
cosas más anecdóticas y personales,
por ejemplo, su fatuidad de soldado, no
querer seguir la indicación de su
comandante en jefe de las tropas, el
proclamarse militar en un momento en que
no se lo admitía, todo eso contribuye.
Pero me parece que eso es superficial;
lo importante es que él ya estaba
pensando en términos de una modernización
que suponía que Urquiza no iba a llevar
a cabo.
-Desde el punto de vista puramente
narrativo, ¿cómo describiría a Rosas
como personaje?
-Cargando las tintas muy negativamente,
calculador, taimado, amoral, capaz de
hacer las peores canalladas contra los
seres humanos en general, y, sobre todo,
como un típico producto de una
determinada cultura muy primitiva, que
es la de la ganadería; es decir, la
ganadería le parece a Sarmiento lo más
elemental. ¿Qué es eso de andar
cifrando una riqueza en las vacas? Para
él la riqueza podía surgir solamente
de la industria, de una transformación,
no de esa cosa tan cruda. Entonces, eso
daba lugar a personajes igualmente
primitivos y determinados, desde el
gaucho hasta el caudillo que lo
representaba. Por lo tanto, lógicamente,
las tintas para describir a Rosas van en
ese sentido, y no puede ser benévolo,
no puede ser tolerante con eso.
-Las distorsiones que Sarmiento le hace
al Facundo por razones políticas ¿desmerecen
su obra literaria?
-Yo creo que no. Una cosa es la lectura
a la que un texto puede dar lugar, y
otra, el uso que se le pretende dar. El
uso que se pretendió dar y que perdura
con respecto al Facundo es la consigna
principal: civilización y barbarie; fue
adoptada en toda América Latina como
una manera de pensar. Políticamente,
estaba destinado a combatir a Rosas.
Rosas desapareció poco después; los
conflictos que su presencia implicaba
fueron variando, pero el libro sigue
interesando vivamente. Interesa porque
es fundador, por un lado, para la
literatura argentina, pero por el otro,
porque en la literatura actual, en el
Facundo se percibe una fuerza literaria
sin igual, es decir, se percibe una
energía verbal fuera de serie, en el
improperio si se quiere, pero eso es
secundario, porque puede haber quejas
desdeñables, como son las nuestras de
todos los días, y puede haber quejas
como las del profeta Job o Jeremías,
quien protestaba de una manera realmente
grandiosa. Se sigue leyendo a Jeremías
y, por supuesto, a nuestras quejas nadie
le lleva el apunte; entonces, las
quejas, los improperios y las diatribas
del Facundo siguen interesando, pero
porque allí hay una escritura poderosa
y fundadora. Se puede seguir leyendo,
mientras que otras obras, que en su
momento tuvieron un carácter más
contemporizador o más tolerante, o veían
las cosas de otro modo, o se jugaban sin
tanto conflicto, han desaparecido, no se
pueden siquiera leer, son aburridísimas.
Y esto no es aburrido, tiene una
vivacidad muy grande; más allá de si
tiene razón o no, si se da el conflicto
civilización-barbarie; creo que
paulatinamente eso deja de tener
importancia.
-Ya desde el título, "Civilización
y barbarie", se plantea una filosofía
maniqueísta. ¿Aparece tan tajantemente
esta división?
-Bueno, en un estudio que hice, hay
cruces, hay deslizamientos de un
concepto al otro. Lo que en ciertas
circunstancias es civilización, en otro
momento pasa a ser barbarie de la peor
especie. Por ejemplo, Buenos Aires es
civilizada, pero con la presencia de
Rosas, que pone a la Mazorca que asesina
a gente, se convierte en bárbara. Córdoba
es civilizada, pero la educación jesuítica
que todavía se imparte en la
Universidad de Córdoba y en las
escuelas genera barbarie. Por el
contrario, la campaña, el campo, es la
barbarie, pero ciertas prácticas
artesanales, ciertas costumbres, ciertos
modos de vida patriarcales y demás no
son bárbaros, son de una alta
civilización. Es decir, en el Facundo
hay, y ésta es una de las cifras de su
riqueza, una dialéctica muy animada en
relación con los dos términos; no podría
tomárselos como absolutos sin riesgo de
tergiversar lo más importante de esta
prosa, de este ensayo.
Félix
Luna
Reportaje
-A Sarmiento se le hicieron críticas
con respecto al Facundo; en especial
Alsina y Alberdi lo acusaron de haber
sacrificado un poco la verdad en función
de la obra literaria.
-No, de la obra literaria no, en función
de su carácter de panfleto político,
reconocido, además, por el propio
Sarmiento. No es un libro de historia,
ni intenta serlo; toma aspectos históricos
y los manipula como corresponde a un
escrito de propaganda partidaria.
-¿Esto fue reconocido por él?
-Fue reconocido por el propio Sarmiento.
-El ataque de Sarmiento a Rosas ¿responde
a un enfrentamiento ideológico-político,
o es más bien el odio hacia el gaucho,
hacia la pertenencia americana?
-No. Es una posición ideológica
concreta por parte de Sarmiento, que veía
a Rosas como una expresión más de la
barbarie, tal vez más sofisticada que
el caso de Facundo. Pero, sobre todo,
como creador de un sistema absurdo,
palabra que Sarmiento utiliza varias
veces en el Facundo. Para él, Rosas es
el que construye y se beneficia de un
sistema, de un régimen que es anacrónico;
que esté contra el progreso va en
contra de la civilización, mantiene al
país en un estado de barbarie y
retraso.
-¿O sea que usted no lo marca como un
enfrentamiento centrado en un elemento más
visceral, sino como la crítica
elaborada de un sistema político?
-Claro, una crítica, ya digo, a un
sistema político que mantenía al país
en niveles de retraso, constatado con lo
que pasaba en el resto del mundo, en el
mundo civilizado.
-¿Se rectificó Sarmiento respecto a
Rosas en algún momento? ¿Suavizó
alguna crítica?
-No, que yo recuerde, no. Al contrario,
él se jactaba de haber sido uno de los
factores que habían provocado la caída
de Rosas.
-En el prólogo de Facundo hay una
descripción de Rosas, de su
personalidad. Sarmiento lo describe como
falso, de corazón helado, calculador,
que hace el mal sin pasión, un
Maquiavelo, un tirano. ¿Qué opinión
le merece esta descripción?
-Creo que esta definición es bastante
correcta, lo que pasa es que Sarmiento
olvida otros aspectos, los deja de lado.
Porque la larga hegemonía de Rosas
provocó también algunas consecuencias
positivas, como la unidad de la
confederación, la defensa de los
intereses nacionales frente a las
grandes potencias, que también son
aspectos para tener en cuenta. Pero esto
que se dice acerca de que era helado,
que hacía el mal sin pasión, es
cierto, creo que es una buena radiografía
psicológica.
-Sarmiento habla de ciertos elementos de
la educación de Rosas, en especial de
la influencia de su madre, quien se hacía
servir de rodillas. ¿Cómo influye en
él este clima doméstico?
-Ésas deben de ser exageraciones, pero,
evidentemente, la madre tuvo mucho que
ver en esto. Era una madre muy
autoritaria, muy mandona, muy respetada
por sus hijos, y eso tiene que haber
creado en la personalidad de Rosas una
idea de lo que debían ser el orden, la
disciplina, la obediencia, la jerarquía,
etc.
-¿Se puede decir que Rosas era un
criminal político?
-No. Pero usó la violencia para sus
propios fines, la violencia
oficializada, como los fusilamientos que
ordenó, y la violencia no oficializada,
como, por ejemplo, el asesinato de Maza
o la intimidación que practicaba la
Mazorca.
-Todos estos crímenes parecen estar en
función de un plan político. Ahora, ¿usted
lo considera sanguinario?
-Sí, pero no más sanguinario que los
del resto de la época. También fue
sanguinario Lavalle cuando hizo fusilar
a Dorrego; también fueron sanguinarios
los oficiales de paz después de que
ocuparon Córdoba. Es cierto, sí,
sanguinario, como era habitual en esa época.
-En el Facundo, Sarmiento sostiene que
Rosas no era un hecho aislado, una
monstruosidad, sino una manifestación
social, una fórmula de ser de un
pueblo. En todo caso, el enfrentamiento
con Rosas ¿no era un enfrentamiento de
Sarmiento con el modo de ser del pueblo?
-Bueno, Sarmiento no tenía un muy buen
concepto del pueblo argentino. Él lo
identificaba con la barbarie, como
identificaba todo lo europeo con lo
civilizado. Por eso, tanto él como
Alberdi y los de su generación querían
modificar el carácter del pueblo
mediante la emigración, mediante la
educación. La verdad es que las
costumbres generales eran muy bárbaras
en ese momento, esa familiaridad del
paisano con la sangre, por ejemplo, con
la fuerza bruta de la doma, iba
derivando hacia costumbres muy
tremendas, que Echeverría las describe
bien en El Matadero.
-¿Fue el gobierno de Rosas una
necesidad política para la Argentina?
-Claramente sí, en ese momento se
necesitaba dejar de lado las utopías
republicanas e instalar un gobierno
fuerte que pacificara el país y lo
preparara, lo quisiera Rosas o no, para
otra etapa constitucional y más
civilizada. No sé si Rosas racionalizó
este tema, pero eso lo decía San Martín
en sus cartas: cuando llega el momento
en que la guerra civil desborde todo,
viene un dictador y pone orden a su
modo.
-Sarmiento, incluso con su idea
"europizante" de la Argentina,
¿no llegó a ver también en el
gobierno de Rosas esta puesta de orden
como un factor positivo?
-Me parece que lo dice en algún momento
del Facundo, con mucha reticencia, pero
lo dice.
-¿Cómo era el funcionamiento orgánico
de la Mazorca? ¿Cómo estaba
estructurada?
-Era un grupo parapolicial, que bajo la
cubierta de un grupo de apoyo al
gobierno, ocultaba a gente de acción,
fanáticos, rosistas que estaban al
servicio de él. No se diferenciaba
mucho de grupos parapoliciales, excepto
en que sus integrantes eran auténticamente
partidarios del Rosas.
-¿Tenían una comunicación orgánica
con Rosas?
-Deben de haberla tenido, no se sabe,
pero seguramente la tenían por la
entidad de sus propios dirigentes, que
eran del círculo de Rosas.
-La aplicación de los crímenes de la
Mazorca parecía destinada a exhibir
crueldad, con todo esto de los
degollamientos, etc.
-Para mostrar crueldad, para intimidar,
diría yo. La época más pesada de la
Mazorca fue en el año '40, cuando
Lavalle estaba en Buenos Aires. Después
está todo esto, lo cual demuestra que
respondía a directivas, que no era una
rueda que giraba alocadamente.
-Al morir Maza, se dijo que lo había
matado Rosas. Entonces se dijo que si él
lo había matado, debía de haber tenido
un motivo. ¿Ésta era la lógica dentro
del gobierno rosista?
-No recuerdo ese diálogo del Facundo,
pero debe de haber sido la lógica del
gobierno rosista y la de muchos otros
regímenes dictatoriales. Supongo que en
algún momento durante el proceso
alguien dijo: "Hay que limpiar a
fulano. ¿Por qué? No sé, pero motivos
habrá, por algo será". Es lo
mismo.
-Respecto del asesinato de Quiroga, ¿hay
algún referente probatorio de la
participación de Rosas?
-No. Y yo no lo creo, por muchos
motivos. A Rosas no le convenía un
Quiroga muerto, prefería un Quiroga
sometido a él, como ya lo estaba. En
segundo lugar, no había tiempo para
armar algo así. Rosas y Quiroga se
reunieron dos días antes del 18 de
diciembre para combinar, más o menos,
los objetivos del interior; el 18 se fue
al interior; el 25 de diciembre pasó
por Córdoba; a mediados de febrero
estuvo en Santiago del Estero. ¿En qué
momento, entonces, preparó esto? Yo más
bien creo que los Reinafé actuaron
espontáneamente, pensando que le hacían
un servicio a Rosas y a Estanislao López.
Hay una página del número dos o tres
de la revista Todo es historia muy
interesante, que simula ser un proceso a
Rosas, a López y a los Reinafé, entre
otros, y se llega a esa conclusión, que
yo comparto. La comparto porque, además,
yo escribí el artículo.
-Respecto al resto de los crímenes de
Rosas, ¿quedó algún tipo de registro
histórico, algo firmado?
-Algunos son actos totalmente oficiales,
como el fusilamiento de Camila O'
Gorman.
-Sarmiento habla de un especial interés
de Rosas por la propiedad privada. ¿Qué
opinión le merece esto?
-Era lógico dentro de la mentalidad de
Rosas, que era un propietario que no había
participado en el proceso posterior a la
Revolución de Mayo, de modo que el
respeto por la propiedad entraba muy
coherentemente dentro de sus esquemas.
Incluso los campos que se dicen que
fueron confiscados por los unitarios no
lo fueron, sino que fueron embargados y
puestos bajo el mando de un
administrador, y algunos se devolvieron
a opositores que volvieron del exilio,
reclamaron y les fueron devueltos. No
fueron exactamente confiscados.
-Se dice que Rosas era algo así como el
representante de una determinada clase
política y económica de la Argentina,
esta cuestión de un Anchorena en su
gobierno.
-Yo no sé si era un representante, él
se movía dentro de su clase, con la
mentalidad de su clase, con la gente de
su clase social.
-¿Cuál es la visión histórica actual
respecto de Rosas?
-Hemos comenzado un gran movimiento de
reivindicación de Rosas con el
revisionismo, una polémica muy grande
que duró años y que ya terminó. Creo
que, en general, el concepto sobre Rosas
varía según los valores que tenga
quien lo enjuicie. El que ame la
libertad y ponga la libertad por encima
de todo siempre repudiará a Rosas; el
que diga que la independencia nacional y
la soberanía es lo más importante,
siempre simpatizará con él. La
documentación, las pruebas, lo que
forma la articulación documental de la
historia, eso ya lo conocemos; es difícil
que aparezca algo diferente, se ha
juntado prácticamente todo, así que lo
único que hay ahora son los valores de
cada parte al juzgar, no una polémica
histórica.
-¿Por qué un exilio en Inglaterra?
-Porque Inglaterra ofrecía condiciones
liberales para los que fueron para allá,
sobre todo si iban con dinero para
mantenerse, y porque Rosas, más allá
de sus enfrentamientos militares,
siempre tuvo muy buena relación con
Inglaterra y con los ingleses.
-¿Era realmente tan bárbara la opinión
de Rosas respecto al pensamiento
europeo?
-No. Las cartas que mandó desde el
exilio lo muestran como un gran
gentleman, como un gran conservador,
partidario de un régimen paternalista,
enemigo de todas las expresiones que en
ese momento se fueron dando a escala
popular... Ahí está el verdadero
Rosas, en las cartas del exilio.
-¿Cuál es su visión personal, como
historiador, sobre la figura de Rosas?
Mire, para decirlo en términos muy
sencillos, creo que hizo cosas buenas y
cosas malas, como todos. Las cosas
buenas son el mantener la integridad
nacional, las cosas malas eran una
exesiva represión, ahogar la libertad
de expresión, retrasar la evolución
cultural de la Argentina, oficializar un
sistema de barbarie en los métodos políticos,
la intolerancia. No se puede hacer una
definición tajante en un sentido o en
otro, hay que tomarlo y verlo realmente.
-¿Con qué personaje histórico lo
compararía?
No, no se puede comparar con ninguno
porque los hechos, las circunstancias y
el contexto nacional e internacional varían,
así que yo no diría que es comparable
de ninguna manera históricamente fiel
digamos.
Citas
del Facundo de Sarmiento
"No se sabe bien por qué es que
quiere gobernar. Una sola cosa ha podido
averiguarse, y es que está poseído de
una furia que lo atormenta. Es un oso
que ha roído las rejas de su jaula, y
en cuanto tenga el gobierno en sus
manos, pondrá en fuga a todo el mundo.
¡Ay de aquel que caiga en sus manos! No
lo largará hasta que expire bajo su
gobierno. Es una sanguijuela que no se
desprende hasta que está repleta de
sangre".
Lamartine (cita de Sarmiento)
"La muerte de Quiroga no es un
hecho aislado y sin consecuencias.
Antecedentes sociales la hacían
inevitable. Era un desenlace político,
como el que podría haber acarreado una
guerra".
"El asesinato de Quiroga es, pues,
un acto oficial, largamente discutido
entre varios gobiernos, preparado con
anticipación y llevado a cabo con
tenacidad como una medida de
Estado".
"Rosas no se ha contentado esta vez
con exigir la dictadura, las facultades
extraordinarias. Lo que pide es la suma
del poder público. Tradiciones,
costumbres, formas, garantías, leyes,
culto, ideas, conciencia, vidas,
haciendas, preocupaciones. Sumad todo lo
que tiene poder en la sociedad, y lo que
resulte será la suma de poder público
pedida".
"Nunca hubo gobierno más popular,
más deseado ni mejor sostenido por la
opinión que el de Rosas".
"Hay un momento fatal en la
historia de todos los pueblos, y es aquél
en que, cansados los partidos de luchar,
piden ante todo el reposo del que por
largos años han carecido, aun a
expensas de la libertad. Éste es el
momento en que se alzan los tiranos que
fundan dinastías o imperios".
"'El que no está conmigo es mi
enemigo'. Tal era el axioma de la política
consagrada".
"El retrato de Rosas, colocado
primero en los altares, pasa después a
ser parte del equipo de cada hombre, que
debe llevarlo en el pecho en señal de
amor intenso a la persona del
Restaurador".
"Se desprende al fin la terrible
Mazorca, cuerpo de policía entusiasta,
federal, que tiene por encargo y oficio
echar lavativas de ají y aguarrás a
los descontentos, y después, no
bastando este tratamiento, degollar a
aquellos que se les indique".
"La cinta colorada es una
materialización del terror que los
acompaña a todas partes, en la calle,
en el seno de la familia. Es preciso
pensar en ella al vestirse y al
desnudarse; y como las ideas se nos
graban siempre por asociación, figuraos
las ideas que trae consigo la cinta
colorada y las impresiones indelebles
que ha debido dejar unidas a la imagen
de Rosas".
"Los serenos cantaban a cuarto de
hora: 'Viva el ilustre Restaurador.
Mueran los impíos unitarios'".
"Rosas mandó levantar, en la
ciudad y en la campaña, por medio de
los jueces de paz, un registro en el que
se anotó el nombre de cada vecino,
clasificándolo de unitario, indiferente
federal o federal neto. Los registros
han servido para suministrar gargantas a
la cuchilla de la Mazorca durante años".
"La educación doméstica de Rosas
fue resentida en la dureza y la
terquedad de las costumbres señoriales.
Su madre, de un carácter duro y tétrico,
se ha hecho servir de rodillas hasta
estos últimos años. El silencio lo ha
rodeado durante la infancia, y el espectáculo
de la autoridad y la servidumbre han
debido de dejarle impresiones
duraderas".
"Rosas es un prodigio de actividad;
sufre accesos nerviosos en los que la
vida predomina tanto, que necesita
saltar sobre un caballo, echarse a
correr por la pampa, lanzar gritos
desacompasados y rodar, hasta que al
fin, extenuado el caballo, sudando a
mares, vuelve a las habitaciones fresco
ya para el trabajo".
"Rosas se distingue desde temprano
en las campañas por las vastas empresas
de leguas de siembras de trigo que
acomete y, sobre todo, por la disciplina
de hierro que introduce en sus
estancias. En ellas, ninguno de sus
peones cargó jamás el cuchillo, aunque
la mayor parte de ellos eran asesinos
perseguidos por la justicia".
"Una vez por un olvido se calza
Rosas el cuchillo en la cintura y un
mayordomo se lo hace notar. Se baja los
calzones y ordena que se le den
doscientos azotes, que son la pena
impuesta en su estancia a los que llevan
cuchillo".
"La autoridad ante todo, el respeto
a lo mandado, aunque sea ridículo o
absurdo".
"¿Dónde ha estudiado este hombre
las innovaciones que introduce en el
gobierno? Que Dios me perdone si me
equivoco, pero esta idea me domina desde
hace tiempo: en la estancia de ganados y
en la inquisición, en cuya tradición
ha sido educado".
"Las fiestas de las parroquias son
una imitación de la hierra del ganado a
la que acuden todos los vecinos. La
cinta colorada que clava a cada hombre,
mujer o niño es la marca con que el
propietario reconoce a su ganado. El degüello
a cuchillo como medio de ejecución pública
proviene de la costumbre de degollar las
reses en la campaña".
"Hay una parte de la sociedad a la
que es preciso moralizar, enseñar a
obedecer, a entusiasmarse cuando deba
entusiasmarse, a aplaudir cuando deba
aplaudir".
"'Es imposible que Rosas haya hecho
matar a Maza', dijo un gobernador del
interior, a lo que su secretario añadió:
'Y si él lo ha hecho, razón ha de
haber tenido'; en lo que convinieron
todos los presentes".
"Quiroga, sus asesinos, los jueces
de los asesinos y los instigadores del
crimen, todos tuvieron en dos años la
mordaza que la tumba pone a las
revelaciones indiscretas".
"El vulgo ha visto en la muerte de
Quiroga un crimen horrible; la historia
verá otra cosa: la fusión de la república
en una unidad compacta y la constitución
de Rosas en jefe de gobierno unitario
absoluto que desde ese día se establece
en la Argentina".
"¿Qué legislador, qué Moisés o
Licurgo llevó mas adelante el intento
de refundir la sociedad bajo un plan
nuevo?".
"Sombra terrible de Facundo, voy a
evocarte para que, sacudiendo el
ensangrentado polvo que cubre tus
cenizas, te levantes a explicarnos la
vida secreta y las convulsiones internas
que desgarran las entrañas de un noble
pueblo. Tú posees el secreto, revélanoslo.
Aun diez años después de tu trágica
muerte, el hombre de las ciudades y el
gaucho de los llanos argentinos, al
tomar diversos senderos decían: 'No, no
ha muerto, vive aún, él vendrá...".
"Facundo no ha muerto: Está vivo
en las tradiciones populares, en la política
y las revoluciones argentinas, en Rosas,
su heredero, su complemento. Su alma ha
pasado a este otro molde, más acabado,
más perfecto, y lo que en él era sólo
instinto, iniciación, tendencia,
convirtióse en Rosas, en sistema,
efecto, fin. La naturaleza campestre,
colonial y bárbara, se transformó, en
esta metamorfosis, en arte, sistema y
política regular, capaz de presentarse
a la faz del mundo como el modo de ser
de un pueblo encarnado en un hombre que
ha aspirado a tomar los aires de un
genio que domina los acontecimientos,
los hombres las cosas. Facundo,
provinciano bárbaro, valiente, audaz,
fue reemplazado por Rosas, hijo de la
culta Buenos Aires, sin serlo él; por
Rosas, falso, corazón helado, espíritu
calculador, que hace el mal sin pasión
y organiza lentamente el despotismo con
toda la inteligencia de un Maquiavelo,
tirano sin rival hoy en la Tierra".
"Según esto, Rosas no es un hecho
aislado, una aberración, una
monstruosidad. Es, por el contrario, una
manifestación social, es una fórmula
de la manera de ser de un pueblo".
Citas
de Noé Jitrik
"Para una lectura de
Facundo"; Noé Jitrik, del libro
Ensayos y estudios de la literatura
argentina, edit. Galerna.
"Es evidente que sus tesis, sus fórmulas,
están incorporadas a toda una línea de
pensamiento: el liberalismo, que ha dado
la estructura mental al país".
"Décadas de imperio social,
intelectual y político han querido
impedir el examen de lo que dice y lo
que deja de decir, sobre todo de lo que
en cada mentalidad argentina es repetición
de sus fórmulas".
"No se trata de cómo pretenden
ciertos nacionalistas cambiar los signos
y decir que lo que para Sarmiento es
mentira y realidad es, en verdad, a la
inversa, ni que el Facundo es un mero
conjunto de patrañas perfectamente
hiladas".
"Así como la ideología
sarmientina debe ser superada, porque ahí
está la realidad que la ha superado,
debe también dejarse de lado el sistema
de réplicas que ha engendrado".
"Se trata de recuperar la realidad
del libro para comprender, ante todo, lo
que su autor ha querido decir, en qué
medida lo ha dicho o lo ha ocultado, cómo
ese mensaje ha cobrado cuerpo hasta
integrar una ideología, la del
liberalismo".
"El Facundo nace en Chile en 1845.
Su autor, que entonces tiene 34 años,
ha emigrado de su patria porque el
caudillismo está encerrado en sí mismo
y no puede recibir más ideas".
"Soñador y autoritario, innovador
y ordenado, apasionado y contenido. No
creo estar muy equivocado si digo que
este tironeo es constante en toda su
existencia y marca tanto su escritura
como toda su vida privada, pasando
incluso por su concepción del
gobierno".
"Facundo llega al público en forma
de un folletín, que aparece en el
diario El progreso durante tres meses.
Sin duda, nadie, ni el autor, pensó que
esos apurados capítulos podían crecer
y desbordar la precariedad de su
marco".
"Sarmiento ya había escrito sobre
las biografías y había hecho la de
Aldao (comparadas, pareciera que el
Facundo es una ampliación de la
primera)".
"Debía de tener ya preparadas
algunas páginas, tal vez las más
perdurables, el retrato del rastreador,
del baquiano, del cantor, del gaucho,
del rastreador, del baquiano, del gaucho
malo".
"Para llevar a cabo su propósito
le faltaban datos, pero tenía lo
principal: la idea de que las penurias
de la joven nación podían ser
explicadas por los caudillos. Sin
embargo, está alejado del teatro de
operaciones, no conoce ni tiene acceso a
los archivos, nunca se ha movido de los
alrededores de la cordillera de los
Andes; hace diez años que Facundo
Quiroga ha sido asesinado. Debe llenar
todos esos huecos y lo hace
urgentemente, quizá superficialmente.
Recoge testimonios de arrieros,
canciones anónimas sobre Facundo (que
ya es un mito), recibe cartas sobre
aspectos de su conducta, consulta libros
que describen paisajes que no
conoce...".
"En la mayor parte de los casos, el
material reunido por Sarmiento en el
Facundo no coincide con la realidad o
presenta defectos de estilo. El momento
culminante del asesinato de Quiroga es
descripto rápidamente, sin detenerse,
como si el detalle le resultara
excesivo. La discreción se justifica
por la insuficiencia de los datos".
"El retrato es viviente y poderoso,
un soplo épico se desprende de sus páginas,
muchas de las cuales, en cuanto a la
verdad histórica, no resisten el cotejo
con los documentos".
"Sarmiento es consciente de su
premura, se excusa ante los lectores,
promete ajustar, rectificar y corregir.
En efecto, nunca lo hizo completamente,
salvo cuestiones gramaticales o ciertas
exageraciones".
"Alsina le reprocha que hable de
10.000 estancias, cuando con sólo 100
la pampa ya no sería pampa. Entonces
Sarmiento corrige la segunda edición y
pone 1.000 estancias".
"Los caudillos, una verdadera
polulación, cuya génesis Sarmiento no
quería ni podía ver, porque desde su
mirada ilustrada, culta, europea, sólo
los veía como una manifestación de un
concepto: la barbarie".
"En la coalición que Urquiza
lidera contra Rosas hay de todo, e
insistir con problemas de gobierno
atentaría contra su mínima unidad.
Entonces del Facundo se suprimen
elementos, y quedan aquellos en los que
todo el mundo está más o menos de
acuerdo: el color local, el paisaje, la
tesis intelectual general, la figura de
Facundo, ya muerto, y la de Rosas, ya
condenada y a punto de
desaparecer".
"Sacrificó la unidad del libro a
circunstancias políticas. Es una
indicación del juego entre literatura y
política, entre espontaneidad y
conveniencia".
"En 1868 Sarmiento insiste en la
amputación del libro: era candidato a
presidente, y su compañero de fórmula,
Adolfo Alsina, era el heredero de las
masas populares rosistas que quedaron
sin orientación. Se entiende su
prudencia, no quería ofender a su
aliado con reminiscencias antipáticas".
"Antes de la edición de 1868,
Sarmiento admitió ante Vélez Sarsfield
que el Facundo era mentira, pero que esa
mentira era más valiosa que la verdad.
De ahí partieron los críticos
nacionalistas para negar el valor de la
totalidad del libro. Sarmiento, en
realidad, quería hacer del mítico
Facundo el Macbeth americano, y con esa
figura, inaugurar la literatura
nacional".
"Al negarse a corregir las
exageraciones muestra que la dimensión
de la literatura le es propia; pero del
mismo modo sacrifica páginas a razones
políticas, subordina la palabra total a
la conveniencia, porque cree que su obra
cumple una función social".
"¿Qué es el Facundo? Parece una
biografía, a primera vista lo es, pero
es también un libro de historia, un
conjunto de cuadros de costumbres, una
novela, y también un incipiente ensayo
de sociología".
"A pesar de que hay tesis, no hay
un verdadero aparato demostrativo, sino
un conjunto de técnicas de seducción y
convencimiento, una manera de ejercer
presión sobre el lector para fascinarlo
y arrastrarlo".
"La verdad del Facundo es
esencialmente literaria, no implica un
pasaje a la verdad, políticamente
hablando".
"Tres obras fundan el liberalismo
argentino: el dogma socialista de
Esteban Echeverría, las bases de J.B.
Alberdi y el Facundo. Entre las tres, se
crea un sistema cuya institucionalización
más estridente es la Constitución de
la Nación Argentina de 1853".
|